Espacio de poesía y cuento (Obra en progreso)

lunes, 23 de marzo de 2026

 Cinco o seis años de edad.

De la moneda que me dio mamá para ir a ver la televisión, me dieron un centavo de cambio. En toda la colonia sólo había un televisor en la casa a donde asistía, -a la vuelta de la casa- y se podía ver sólo por las tardes, en la sala de esa vivienda.

 En el camino me topé con uno de los troncos por donde pasan los cables de la electricidad a los hogares, y jalando de él hacia el piso, el alambre torcido, fuerte y tenso, que lo mantiene de pie.

¿Cómo subir mis piernas cruzadas para columpiar todo mi cuerpo, tomando el cable con mis dos manitas?

Observé, como creemos que una niña o niño de esa edad pudiera hacerlo, cómo resolver ese reto que representaba con frecuencia un gran momento de diversión: me eché la monedas a la boca y trepé mis pies, cruzándolos bien para para menearme rítmicamente. No me iba a perder ese momento de libertad.

Pero, mientras aceleraba con gozo el bamboleo, la de las moneda se atoró en mi garganta.

 Asustada, corrí a casa y, como pude, me di a entender. Mamá hizo cuanto le fue posible, para sacarla de ahí. Con su rostro seguramente más preocupado que el mío, dio palmadas en mi espalda, trató de hacerme vomitar e incluso me puso cabeza abajo, zarandeándome. Mientras lo hacía, como el oxígeno seguía pasando por los dos lados de la moneda, escuchaba el radiecito donde daba inicio una radionovela. “Colgate Palmolive, fabricante de Fab, presenta Dios no lo quiera” Y dicho esto se escuchaba la voz de Javier Solís cantando el verso del título de la radionovela. La mente de mi madre seguía preocupada en resolver el problema. Corrió a su cuarto y sacó un reboso. Le dio indicaciones a Mamá Tita sobre la comida de mis hermanas y hermanos, si nos tardábamos. Mi mente infantil ya estaba ocupada por la melodía de la canción tema de una radionovela que no recuerdo haber escuchado más que el inicio, y no porque no la tocaran a diario, sino por mi tierna edad. ¿Quién a los cinco o seis años de edad hablaba de amor romántico?

Y mientras el rostro de mamá lucía a cada rato más preocupado, al abordar el camión que nos llevaría a La Cruz roja, mi corazoncito se alegraba ¡Les contaría a mis compañeras y compañeros de salón en la escuela sobre mi aventura gigantesca! Seguramente me dejarían unos días en ese sitio, o incluso me cortarían la garganta para sacarla. No sentía miedo. La emoción de ser el centro de atención de mis compañeritas y compañeritos de salón, lo rebasaba.

Mi madre me llevó de la mano y abordamos un camión rumbo a la Cruz Roja.

 Mientras escuchaba La calandria en la voz de Pedro Infante en el radio del chofer, y veía el paisaje externo, hubo un salto grande -una piedra, un bache- que hizo virar al camión, y a frenar fuertemente: me fui de frente hasta el lado del hombre que aquietó el vehículo. Ahí salió la moneda. Mamá respiró aliviada, mientras mi rostro seguro mostró mi desilusión.

Volvimos a casa. Entonces fui el centro de atención de mi hermanita y mis hermanos mayores. Su cariño me consoló y llenó de calidez mi corazón, así como la sonrisa serena de mi madre, ya sin restos de la angustia anterior.

 


No volví a echarme ningún objeto a la boca. Mamá me hizo un bolso pequeñito, que colgaba durante mis salidas de casa.

Gracias a la vida que me ha dado tanto”.

jueves, 12 de marzo de 2026

SIN PRISAS

Los días más alegres de mi niñez eran cuando doña Baudelia, seguramente de acuerdo con mamá, llegaba al llano, frente a casa, con su vaca jalada por un mecate.

Salíamos vaso en mano, y un líquido blanco, espumoso, llenaba uno a uno, con ella agachada, ordeñando.

Y entonces nos daban un birote, o un trozo de uno de los grandes, que saboreábamos como maná del cielo.

Y cuando papá llegaba luego de un viaje, lo recuerdo dejando un costal con mangos y, mientras nos sentábamos a comer hasta saciarnos, él se ponía un mandil y comenzaba el proceso de la elaboración de pan.

A veces, al fin pequeñas criaturas, tomábamos de esa masa, hacíamos pequeñas bolitas y así, cruda, la repartíamos entre los pollitos, que lamentablemente llegaban a morir a causa de ello.

Mamá era muy paciente. La recuerdo diciendo con voz triste "ya volvieron a matar a esos pobres pollitos". Nunca un golpe físico, ni una palabra que lastimara mi corazón.

Sí, en medio de la pobreza monetaria, mi corazón se sabía rico de lo esencial: una madre amorosa, y un padre que parecía mago haciendo aparecer cosas con qué llenar nuestros pequeños estómagos.

En mi edad adulta seguí comiendo mangos como en mi niñez. Me gusta su sabor en mis dedos y alrededor de mi boca.

Fui una niña feliz. Lo agradezco.

"Gracias a la vida que me ha dado tanto"



 Sin prisas

Fui una niña con mucha energía pese a la enfermedad presentada a mis cuatro o cinco años de edad, que dejó una huella en mi cuerpo hasta el presente.

Pronto me sentí bien y volví a jugar en la calle.

Ana, mi prima, tres o cuatro años mayor que yo, entre juego y juego le gustaba la pelea; ya fuera que ella la comenzara o respondiera a quienes le buscaban la cara, decía mi abuelita.

A mí no me gustó el pleito. Mamá, en medio de la costura que le encargaban, nos vigiló para que no creáramos rencillas ni cayéramos en ellas.

Mamá Tita, mamá de mi madre, también nos vigilaba en silencio.

Corría yo con Ana y dos o tres niñas más, cuando le salió al paso una niña amenazándola con una piedra mediana en la mano. Mi prima se escondió detrás de mí; sentí dolor, como si una avispa me hubiese picado, y sentí cómo brotaba de mi mejilla un líquido rojo y caliente.

Volví a correr, pero ahora a mi casa. Mi abuelita me limpió la herida, y puso sobre ella una bandita.

No volví a jugar con mi prima.

Han pasado muchos años, y sólo me queda la memoria de un mediodía soleado, nubes blancas, la tierra que levantábamos al correr, el sabor de las pitayas, de las semillas de guaje, del atole blanco... y, pese a todos los cuidados, la cicatriz permanece en mi pómulo, imborrable, como los recuerdos.



viernes, 19 de diciembre de 2025

         Después de un buen tiempo de no entrar a este sitio, regreso contenta para ir dejando contenido de las actividades cotidianas en la escritura y en el canto.

Hoy es 19 de diciembre de 2025. Mañana me toca cantar villancicos junto con otrxs compañeras, compañeros de la Dirección de Educación Artística y Desarrollo Cultural, a donde estoy adscrita. 

Nos presentaremos en el jardín de CECONEXPO, a un costado del nacimiento gigante, acá en Morelia, Michoacán, México, a partir de las 18 hrs. A mí toca alrededor de las 19 hrs.

¡Les esperamos!




miércoles, 14 de febrero de 2024

Voces

 

             

                                                 Dibujo de Lady Orlando

Voces

 

I

Me abro a las voces

como a los ojos

inevitablemente

al paso milagroso

de la luz matutina.

 

II

El día es un abismo

lo dije en algún sueño

mientras deambulo

en la cuerda del tiempo.

Cierro los ojos

el diente de león que se disgrega

hace visible el viento

el cielo

los momentos.

 

III

El invierno viste de cielo el frío.


IV

Rueda el silencio

en el lado sensible  

donde un ramo de tréboles

un racimo de uvas

son otra vez las manos

despertando.


V

No escucho el eco que te nombra

enmudeció la tarde repentina

y un alud de dolores se desprende

golpe tras golpe

piedra tras piedra

sobre mi tarde toda

sobre mi noche toda

sobre mi vida toda

sobre mi muerte.

Inclemente.

 No podemos esperar a que las cosas salgan bien, o como nos gustaría, para no decaer.


Es común que, cuando tenemos una circunstancia nada favorable, quienes nos rodean nos digas "no te preocupes, todo saldrá bien". ¿Y si no es así? Puede ser la oportunidad de incrementar nuestra ecuanimidad, de tomar la decisión de canbiar nuestra respuesta emocional, y no caer en la desesperanza, que no ayuda a nadie.

Como reza el refrán "al mal tiempo buena cara", para poder tener calma y buscar soluciones alternativas.

Decía mi padre cuando las cosas salían mal "más se pierde en las guerras". Aprendimos desde la niñez a enfrentar con paciencia los desafíos.

De esa manera, vamos trabajando en nuestra transformación al tomar control de nuestra actitud y nuestras acciones. Como decìa Viktor Frankl, podemos elegir ser positivos y buscar soluciones y superar los obstàculos que se presentan en nuestra vida. Podemos adaptarnos y encontrar opciones alternativas para seguir adelante.

lunes, 23 de enero de 2023

Zozobra

 Sofía deseaba llevar de vacaciones a su enferma madre, contra la oposición de sus hermanos. "Es irresponsable sacarla de casa en esas condiciones", dijo el mayor de ellos. "Debes darte cuenta que su cuerpo está demasiado cansado, para que la saques de la cama y la expongas sentada durante varias horas en el asiento trasero de tu carro", dijo la menor de la familia.

Y contra viento y marea, la llevó a la playa.
Claro está que, dado el amor que sentía por su progenitora, la sentó adelante en el sitio que ella ocupaba iba cuando salía con su marido. Colocó una dona y un cojín especial para que Andrea fuera cómoda. Su marido miró con cariño a su suegra, esa mujer de tacto suave que, seguramente, evitaría cualquier lamento a queja de su parte.
Al llegar a la playa, la bajaron tomándola por los brazos, con pasos cortos y deteniéndose en cuanto ella respiraba profundo. Le colocaron una silla reclinada lo suficiente para que pudiera ver el mar, mientras extendían una sombrilla que le protegiera del inclemente sol del mediodía. Las dos niñas y el niño, hijos del matrimonio dieron sendos besos a la abuela y, quitándose la ropa, se encaminaron a la espuma de las olas, en el traje de baño que se pusieron antes de emprender el viaje.
No se movía. Los ojos cerrados y la postura inmóvil hizo a Sofía acercarse a su madre y tocarla con suavidad. Nada, no respondió a la estímulos. Acercó su oído al pecho de Andrea. Nada. Puso su dedo bajo la nariz. Nada. Tembló. Llamó a su esposo con un gesto; él supo , sin mediar palabras, de lo que se trataba. Levantaron la silla entre los dos, con la madre arriba. Se cercioraron de que nadie viera, y colocaron el cuerpo en la cajuela, no sin antes revisarla de nuevo. Ahora estaba menos tibia, con algunas partes rígidas. Las manos iban enfriándose a grandes pasos.
Subieron a las crías rápidamente al asiento trasero, y se dirigieron a la ciudad, pensando cómo darían la noticia. Pero las niñas dijeron tener hambre y tuvieron que detenerse en una cocina grande, con letreros de alimentos por todos lados. Sofía tomó un café. Alfredo quiso un chocolate caliente, mientras las niñas y el niño desayunaban unas crepas. Todo fue tomado con la rapidez que requería la situación. Al salir, el coche no estaba. Unas personas les dijeron que vieron a dos hombres subir en él.
Alfredo llamó a una agencia; pronto les llevaron un vehículo. Sofía temblaba, el llanto contenido, pensando en la muerte de su madre y en la reacción de sus hermanos que tanto se negaron a que la llevara de vacaciones.
El viaje de regreso fue largo.

domingo, 4 de diciembre de 2022

 Para nadie es una novedad saber que de lo único que puede tener una certeza, es de que va a morir. Cuándo, dónde, cómo, no tenemos idea.

Sólo que, saber que vamos a morir no implica que lo aceptemos. Si no aceptáramos, quizás estaríamos viviendo diferente a como lo hemos venido haciendo hasta el día de hoy.

Se nos da demasiada información sobre 'alcanzar la felicidad', y por lo general se habla del placer de los sentidos cuando se le menciona. Pero si el placer fuera la felicidad, estaríamos comiendo todo lo que preferimos, bebiendo bebidas alcohólicas y de todo tipo; gastaríamos de la manera más tonta el dinero que fuera llegando a nuestras manos, no saldríamos de la cama si es que tuviéramos pareja, etcétera, etcétera.

Quienes han vivido auténticas experiencias de cercanía con la muerte, suelen ser personas más compasivas, altruistas, serenas, generosas, éticas, bondadosas... 

Sé que voy a morir. De hecho, ya viví más de las dos terceras partes de la vida de una persona longeva; no podría vivir el doble.

Así que, no creo en la muerte, en mi muerte. Mi tarea, mientras vivo, es darle sentido a mis pasos, mis mejores sentimientos, las emociones más ecuánimes... sonreiría más, dormiría y comería menos, tendría listos mis oídos para escuchar a quien requiere que se le escuche... 

Sin duda, sería un mejor humano.

En eso ando; sigo ensayando que sí creo que puedo morir de un momento a otro. Y agradezco lo que tengo y lo que no tengo. 


miércoles, 30 de diciembre de 2020

La pandemia

 Vivimos tiempos difíciles, dolorosos, y es en momentos como éste cuando reconocemos cómo estamos interconectados. Lo que sucede en Rusia, por ejemplo, afecta a México, y viceversa. Se extiende el sufrimiento y lo respiramos, por lo que es normal la tristeza, el desaliento.
Hemos, pues, de fortalecer la ecuanimidad -que no es indiferencia- para ser empáticxs y así ser de beneficio. "Si yo soy importante, ustedes lo son más importantes que yo, porque son muchos más", dice el Dalai Lama.
Así que, cuando sentimos que estamos a punto de tirar la toalla, requerimos aceptar lo que sentimos, verlo y dejarlo ser. Respirar profundo lentamente y exhalar de la misma manera, es de gran ayuda.
Mingyur Rimpoché nos da una fórmula simpática: Inhalar profundo, y exhalar haciendo un sonido similar al que hacemos cuando al fin podemos sentarnos a descansar. Lo repetimos tres veces y, si al final sonreímos, es de mayor ayuda.
Se nos están muriendo seres amados. Aunque el sufrimiento es inmenso, es importante pensar que en el momento de nuestra muerte seguro desearemos que nuestros seres amados sean felices el resto de sus vidas. Honremos a nuestros muertos buscando cómo ser felices, sin dañarnos ni dañar a nadie.
"¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón" Fito Páez. El dibujo es de Lady Orlando, la tercera de mis crías.

domingo, 17 de diciembre de 2017

"El karma no es una venganza del Universo, es el reflejo de tus acciones. Todas las cosas que salen de ti regresan a ti. Así que no es necesario que te preocupes por lo que vas a recibir, preocúpate mejor por lo que vas dar".
Desde hace no mucho adoptamos esta palabra en occidente. 
Proveniente de India, no tiene las mismas implicaciones para diversas tradiciones espirituales. 
Mientras para el hinduismo significa 'destino', para la tradición conocida como 'budismo', su significado es 'acción'. Y acción desde que surge el pensamiento, hasta que se consuma la acción. Pero no es destino. Puede transformarse. Y para ello es preciso transformar hábitos, ya que son éstos los que nos llevan a pensar, hablar y actuar de tal o cual manera.
¿Cómo piensas? ¿Cómo son tus palabras? ¿Tus actos?
No somos nuestros actos. Si así fuera, cuando nuestros son bondadosos, seríamos santas, santos. Cuando son erráticos y daños, seríamos medio o completamente demonios.
Acertamos y nos equivocamos. De ahí que en el budadharma (que significa 'Enseñanzas del Despierto" -aproximadamente-) no se hable de bondad o de maldad, sino de actos benéficos o no benéficos. 
¡Qué respiro! Es tranquilizante pensar que no somos ni buenas ni malas personas, sino personas que realizamos actos benéficos o no benéficos.

miércoles, 12 de julio de 2017

Todo está listo.


Nuestra especie se encuentra en pañales, según Freud. Basta con revisar los pensamientos propios para darnos cuenta que somos seres complejos, enredados en nimiedades, con más movimiento en la mente que los que bien podríamos dar con una actitud más serena.
Nada nos pertenece: ni el lenguaje, las creencias, la música, la pintura, las matemáticas, etcétera, etcétera. Llegamos a encontrarles servidos en bandeja de oro.
Las guerras, el exterminio, la contaminación de las aguas, el desequilibrio ecológico, etcétera, comienzan desde la mente de cada uno de los humanos. Si nunca has sentido aversión o apego hacia nadie, hacia nada, eres la excepción que confirma la regla.
Queremos bienestar y tratamos de obtenerlo para llenar el vacío que con frecuencia sentimos, aunque sea en una expresión mínima. Insatisfacción, al menos. Algo que quisiéramos no apareciera en nuestra mente y que creemos que proviene de afuera.
Nos enojamos, nos entristecemos, nos desesperamos y creemos que es por lo que acontece en el exterior.
Pero entonces, ¿cómo es que hay personas más ecuánimes en situaciones similares? Inteligencia emocional. Esa que no tiene nada que ver con grados de estudio escolarizado; nada que ver con la situación económica, social, cultural, de familia.
Queremos comer sólo lo que nos gusta y rechazamos lo que nos desagrada. Hedonistas infatigables en busca de saciar la sed, el hambre de lo placentero, vivimos en medio de la insatisfacción.
Y seguimos culpando al exterior, a los demás, por no lograr sentirnos bien.
Cierto que el promedio de nuestra vida vivimos un poco como zombies. ¿Quién puede recordar lo que pensó, dijo e hizo durante 24 horas? No se diga ayer, la semana pasada, el mes pasado...
Hoy conocemos a la persona que nos parece la más bella, de trato exquisito; la mejor... y en poco tiempo queremos borrarla de nuestra vida. De ser 'la mejor', pasa a ser 'la peor'. Y nosotr@s no tuvimos nada que ver, creemos.
Somos fundamentalistas: defendemos nuestras ideas por sobre todas las cosas... y ninguna idea es nuestra. Todo está creado, todo está elaborado, todo está cocinado desde antes de que naciéramos.
Asi qué, ¿no crees que es momento de saber qué quieres de este breve espacio que te toca vivir? ¿Conocerte, abrazarte, tenerte paciencia, tenerte a ti en un mejor concepto? Hay formas. Todo está listo.

domingo, 25 de diciembre de 2016

"Cada día trae lo suyo", decían las personas sabias. Y cada día es único, irrepetible. Abrir los ojos es un milagro en un mundo donde a diario todo está en movimiento. Llegará el momento en que no abramos los nuestros, y mientras tanto podemos caminar con la certeza de que andar sobre la Tierra ha valido todo cuanto experimentamos. El sufrimiento y el gozo son un paquete que la vida nos da. Pero vivir con conciencia plena es una decisión que requiere de un entrenamiento vigoroso, sonoro, alegre, nos vaya bien o no nos vaya bien. Nada dura para siempre, sólo la calma mental cuando la hacemos parte de nuestra cotidianidad. Y días como la Navidad, en una parte donde predomina el cristianismo, vienen cargados de energía a la que podemos unirnos y oponernos. Y si es para contribuir a la unión entre quienes nos rodean, bienvenida sea esta festividad. Nacemos y morimos a diario. Bienvenida sea la Navidad en nuestros corazones.

viernes, 26 de agosto de 2016

Somos todos


Todo cuanto hacemos, lo han hecho antes miles de millones de personas; cada palabra, cada parte de nuestra indumentaria, cada plato, cada comida -que está constituida por el esfuerzo de esos miles de millones-, cada gesto, cada intención... Borges dijo que él era toda la gente que conoció, todas las mujeres que amó, las ciudades que conoció... Pienso que soy cada hombre que he amado, cada hombre que no he amado, cada persona que conozco, cada persona que no conozco, cada sitio donde he vivido... Me alimento gracias a esos miles de millones de personas, existo gracias a ellas. No soy original absolutamente en nada. Pero eso sí, mi gratitud es mía. Les agradezco su presencia cercana y lejana.

Vivir

En mi experiencia, en lo poco que llego a comprender de este mundo, abrazar la vida es abrazar los acontecimientos, me gusten o no, y aceptar que ser feliz no es necesariamente estar contenta o no tener problemas. Pienso que aun pese a la adversidad, a que nada sale como se espera, se puede respirar con gusto, con gratitud. La vida es tan breve. Suele ser una sorpresa y, en los momentos de mayor claridad mental, un milagro; algo inesperado. Pero pensar que la vida se acomodará a nuestros deseos, es errático. Si ésta es un océano y no somos más que olas pequeñitas, mientras no gocemos con conciencia el ser agua elevándose y declinando, nos sentiremos defraudadas, defraudados o, al menos sentiremos desconcierto. “El dolor es inevitable; el sufrimiento es opcional”.

lunes, 1 de febrero de 2016

Feliz lunes


– Maestro, estoy lleno de relaciones sociales pero ¿cómo reconozco al verdadero amigo? Me dicen que el corazón avisa cuando hay amistad de verdad, que es cosa de sentimientos….

– Hij@, puedes meterle todos los sentimientos y corazones que quieras pero al verdadero amigo, amiga, le reconocerás cuando no tengas un céntimo ni nada para dar. En ese momento, quien te tienda la mano desinteresada será tu verdader@ amig@. De la misma manera, si tú actúas así y sólo así, serás amig@ para cualquiera que te requiera. 

jueves, 21 de enero de 2016

Lady Orlando


http://mxcity.mx/2015/11/top-8-ilustradoras-mexicanas-que-convierten-la-realidad-en-magia/

En ese sitio podrán leer sobre estas ilustradoras, de las que Lady Orlando forma parte. Ella dice: 

“Considero a mis dibujos y pinturas pequeñas ilustraciones de historias que me cuento a mí misma, como si fuesen una página de un libro o una escena que se queda flotando en el aire; aquella que al cerrar los ojos, se reproduce una y otra vez en mi memoria.” 














jueves, 14 de enero de 2016

Diálogo y frase para reflexionar


– Maestro, por naturaleza soy optimista. Todo lo veo en colores vivos, para mí no hay imposibles, todo el mundo es bueno. ¿Debo seguir siendo así?  
– Hij@, tú eres como eres. El humano es un péndulo que oscila entre el pesimismo destructivo y el optimismo aventurado. Casi nadie está en los extremos, todos nos situamos cerca del medio. No es ni bueno ni malo ser de una u otra manera; lo que debemos velar es por estar siempre conscientes de como somos para controlar nuestras emociones. Son las emociones el puente que nos une a los demás, no nuestra naturaleza.   

"Cuando nos habituamos a morar en nuestro lugar interno, aquel que no se destruye por las circunstancias externas, ya sean favorables o desfavorables, cuando somos capaces de mantenernos en esa ecuanimidad, dentro de esa fortaleza, del gozo y de la alegría, este nos protege frente a todo tipo de situaciones". V. Nangpel

miércoles, 6 de enero de 2016

Los Reyes Magos


Para Claudia y Polo

A los pocos días de cumplir ocho años de edad, salimos una noche de las orillas de Guadalajara para llegar a vivir al corazón de Morelia. El mío, mi corazón, latía emocionado mientras la gallina en la jaula para pájaros se movía inquieta tratando de expandir sus alas, y el gato –en otra jaula- estaba hecho ovillo. Era abril y el calor crecía.
No supe cuántas horas hicimos, pero cuando hicieron a un lado la lona para bajar la parte que fungía como puerta en la troca en que nos mudaron, mis ojos se abrieron expectantes. Venía a descubrir un nuevo mundo: casas de paredes de piedra, calles anchas y bien trazadas y el paso de los carros sobre asfalto me dio la impresión de haber llegado a un país lejano; un país moderno. Habíamos vivido enfrente de un llano y todo afuera de la casa era tierra. Mi juego favorito era sentarme debajo del laurel de flores de colores encendidos, abriendo surcos en la tierra negra para dar paso a las arañas. Disfruté las cuevas en el llano, y hasta el basurero, donde cada día encontraba algo nuevo, un tesoro: un arete, un muñeco sin un brazo, un trompo sin punta, un huevo que alguna gallina fue a poner en el calor proveniente de la basura… Aunque lo que más gozaba eran las tardes en que Ernesto hacía papalotes y corríamos para que se elevaran. Nunca aprendí a hacer uno. Él era el mago que, llegando a Morelia siguió organizando los juegos, con sus nuevos inventos. Teníamos ‘reflectores’ hechos por él cuando jugábamos a policías y ladrones. Reflectores construidos a partir de una caja de zapatos, un foco y una extensión. Llegamos a vivir a una casa muy grande, un galerón de piso de ladrillo que había que trapear con algo rojo que se disolvía en agua. Era un cuarto muy grande donde cupieron las literas y todas las crías junto con mi Mamá Tita. Había un pequeño patio con piso de cemento donde se encontraba el baño y un pequeño cuarto que ocuparon mamá y papa. Desde ese patio podía, al menos, ver las estrellas. No teníamos la libertad del llano, pero valió la pena. La ciudad nos impresionó. Es bella, bellísima.
Mi abuelita –Mamá Tita- salió a la calle una tarde, con un machete en la mano. El cielo estaba cargado de nubes; amenazaba tormenta. Me sentí avergonzada cuando se hincó a la mitad de ella ‘para deshacer la culebra de agua que amenazaba huracán’, dijo. Mi vergüenza perdió el rostro por la risa que me invadió. Eso, en un llano, lo entendía; pero en la ciudad, en esa calle derecha de una casa tras otra me pareció una locura. La verdad es que nunca me llevé muy bien con mi abuelita. Creo que no le gustaba mucho mi piel morena, ni mi personalidad inquieta. Fui demasiado inquieta y parlanchina, lo contrario a ella, que hablaba muy poco y se limitaba a silbar y en ocasiones a entonar alguna canción con su hermosa voz de soprano. Cuando la cansaba, me decía palabras extrañas con un tono que no me sonaba muy amable: ‘Cuzca, garraleta’. Su rostro blanco y sus azules ojos cambiaban de tono por el enojo. Cuzca me sonaba a casco, lo que me llevaba a imaginar caballos, yo montada en uno de ellos. Garraleta, a gitana. Yo, gitana morena, de cabellos negros, elegantemente vestida con collares y pulseras multicolor y aretes largos, sobre un caballo. Sonreía.
Con el paso de los años supe el significado de las dos palabras. Mamá Tita sí que se enojaba conmigo. Pero aunque alguien pueda dudarlo, su carácter sí era, por lo general, amoroso y sereno.
Llegó diciembre y con él la Noche Buena, fecha que esperábamos con mis hermanas y hermanos porque El Niño Dios nos traería algún regalo. En la nueva ciudad se celebraba “El Día de Reyes”, pero fieles a sus tradiciones mamá y papá siguieron festejando el anterior. Pronto nos cambiamos a una casa frente al galerón donde llegamos. Seguíamos siendo pobres, pero no miserables. El nuevo trabajo de papá nos permitía comer mejor. Además, ya vivía con nosotros. En Guadalajara lo veíamos muy poco. Trabaja en lo que podía: cargador, garrotero y boletero del tren, panadero y no sé qué más, pero siempre que llegaba a casa traía consigo costales de mangos y racimos de plátanos, se ponía un mandil, y hacía pan. Mientras esperábamos el pan, hacíamos bolitas con la masa cruda. Mamá lucía sonriente, relajada. Nos miraba con ojos satisfechos, hasta que sus pollitos comenzaron a morir, víctimas del empacho por la ‘comida’ que les dábamos: las bolitas de harina.
La primera mañana del 25 de diciembre de 1963 ó 1964, no recuerdo con precisión, me sentí molesta al descubrir que el regalo que me trajo ‘El Niño Dios’ era un boliche de madera de Quiroga, y no la bicicleta que pedí. Me enojé y no quise tocar el juguete artesanal. Era demasiado barato. Si me había portado bien todo el año, ¿por qué hubo compañeras de mi colegio que sí tuvieron bicicleta y yo no? Ellas no se portaron bien; no la merecían. Vi el rostro triste de mi padre, quien no dijo una palabra.
Estaba de visita en casa mi prima Ángeles, hija de mi tío Ramón, hermano de mi papá. Mi madre decía que eran demasiado vulgares; gente sin educación. Pero yo la amaba. Mayor que yo varios años, era mi ejemplo por su carácter reflexivo. Me tomó de la mano y me invitó a ‘dar una vuelta’. Yo lloraba por el enojo ante la injusticia que acababa de recibir. Ni siquiera puse atención en los regalos que recibieron mis hermanos mayores, mi hermana. No vi bicicleta alguna ni nada de tamaño fuera de lo normal. Pero no vi a nadie con enojo.
Mi prima me paró en una esquina y me dijo: “Vita –así me llamaban-, tengo que contarte algo. No quiero lastimarte, pero tienes que saber que mi tío y mi tía te quieren mucho. Creo que por tu edad ya puedes entender”. Yo la miraba de reojo mientras limpiaba mis lágrimas y mocos resultantes, con el dorso de la mano derecha. Vi el cielo al fondo color azul claro, con nubes muy blancas. El sol recién se había trepado en lo alto de la bóveda y uno de sus brazos se estiró hasta el rostro de mi prima. Me causó gracia. Era común, y sigue siéndolo, que en los momentos en que me he sentido desolada, algo gracioso llame mi atención. Sonreí. Su hermoso rostro moreno hacía honor a su nombre "Ángeles". Miré a sus lados para ver si alguna sombra hacía las veces de alas, y podría hacerle una broma. Ella conocía mi carácter, por lo que me tomó por los hombros, y se agachó un poco para obligarme a mirarla a los ojos. “Me entiendes, ¿verdad?”, dijo. No, no la entendía. De hecho, hasta olvidé de qué hablaba. “El Niño Dios”, dijo quedo; El Niño Dios son tu mamá y tu papá”. No quise entender lo que decía, aunque en mis oídos sonaba la frase como estribillo “Son tu mamá y tu papá, son tu mamá y tu papá”. Ella noto mi dispersión a punto de extenderse hacia los cuatro puntos cardinales. “¡Vita!”, gritó. El estribillo reptó y siguió el vuelo de la garza rezagada. Entonces la miré a los ojos. “¿Mi mamá y mi papá son el Niño Dios?”, pregunté cuando el llanto había emprendido la retirada. “Sí. Ellos son quienes compran los juguetes. El tuyo, el de tus hermanitas, tus hermanos”. “¿Por qué?”, pregunté abriendo mis pequeños ojos casi rasgados. “Porque te aman, los aman”. “¿No hay Niño Dios’”, pregunté esta vez con la voz escondiéndose en mi garganta, avergonzada. “No. El Niño Dios nació hace muchos años. Porque eres una niña, por eso te dan un regalo en la fecha de su nacimiento. Cada niña, cada niño, es importante para su mamá y su papá”. “¡Pero ellos son pobres!”, dije con la voz entrecortada por el llanto que regresó en una embestida brutal. Ángeles me abrazó mientras me estremecía recargada en su pecho. Es uno de esos recuerdos a flor de piel. Me dolieron ellos, mi madre y mi padre. Me dolió su esfuerzo, su silencio, su amor inconmensurable. Seguramente habían prescindido de algunos deseos propios para reunir unos pesos y comprar juguetes para sus crías.

Cuando mi hijo y mi hija, los primeros, cumplieron 4 y 6 años de edad, los senté y les dije lo mismo que mi prima me había dicho, en palabras que pudieran entender. Me sentí con el deber porque no quise sostener una mentira. Tenían demasiados motivos para sentirse felices cualquier día del año. No vi la necesidad de que creyeran algo que hace felices a unos cuantos, y hace sufrir a muchos en un país donde el hambre es el pan nuestro de cada día; donde la clase trabajadora ni siquiera recibe su raquítico aguinaldo a tiempo; donde cada vez se retienen las quincenas de mucha gente, y los políticos se despachan con la cuchara grande.Mi niño y mi niña me miraron y corrieron a abrir sus regalos con la misma emoción esa mañana del seis de enero. Seguí la tradición de Los Reyes Magos. Después de todo, no hay magos más grandes que las niñas y los niños. Hacen magia con sus sonrisas y su amor tiernito, sincero. No necesitaron mentiras para seguir abriendo grandes los ojos ante la sorpresa de lo que su madre y su padre les compraban con tanto amor... y esfuerzo.

lunes, 4 de enero de 2016

Feliz lunes


– Maestro, discutía con dos amigos sobre cuál es el mayor miedo de la humanidad. Uno me decía la soledad, el otro la muerte.  
– Hij@, el ser humano aún no aprende a auto conocerse: el mayor miedo del ser humano es al tiempo, ese tiempo que alimenta la soledad producto de sus acciones, ese tiempo que lo acerca inexorablemente a la muerte. Por esa razón, cuando nos llegan nuestros últimos momentos, nos sentimos aliviados y no aterrados.  El enemigo no es la soledad ni es la muerte, es el tiempo.

 “La mente inconsciente e ignorante atesora y protege al yo. De ahí se desarrolla el desastre de las emociones perturbadoras, los hábitos que generan  todo dolor subsecuente. Pero la mente clara y consciente que está impregnada de la sabiduría de los budas (personas despiertas), en lugar de proteger y adorar al yo, se ha expandido para atesorar y proteger a todos los demás”: Dzigar Kongtrul Rinpoche.